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Jose Serur

Publicado originalmente en abril de 2025 Revisado en octubre de 2026

La verdadera historia de Gaza: desentrañando el caos detrás del terror de Hamás

Por Jose Serur5 min de lecturaEspañol

De raíces antiguas al conflicto moderno, la verdad sobre la historia de Gaza y la lucha de Israel por sobrevivir.

Gaza no es solo un lugar: es una historia de 4,000 años que estalló en caos el 7 de octubre de 2023, cuando Hamás lanzó su brutal ataque contra Israel. Vivir ese día en Israel, escuchando sirenas y revisando videos de sangre y cuerpos en línea, supe que debía indagar en la historia de Gaza, no como un conflicto lejano, sino como la raíz de una amenaza para la patria de Israel. Esto no es historia académica; es personal. El pasado y el presente de Gaza revelan por qué Occidente lo entiende tan mal y por qué la lucha de Israel es por sobrevivencia, no por conquista.

Gaza, un enclave costero de unos 40 kilómetros de largo, ha cambiado de manos varias veces en el último siglo, moldeada por guerras y geopolítica. Antes de 1948, estaba bajo control británico tras la derrota del Imperio otomano: en 1917, Reino Unido capturó Gaza de los otomanos durante la Primera Guerra Mundial. Bajo el Mandato Británico (1920-1948), Gaza fue parte del territorio destinado a un estado árabe en el Plan de Partición de la ONU de 1947 (Resolución 181). Los líderes árabes lo rechazaron, lanzaron una guerra contra Israel en 1948, y Egipto tomó Gaza, gobernándola militarmente sin anexarla.

Unos 200,000 refugiados palestinos llegaron ahí durante la guerra. Egipto controló Gaza durante 19 años (1948-1967), manteniéndola bajo estricto control sin otorgar estatalidad, ciudadanía ni desarrollo: solo campos de refugiados y una zona de amortiguamiento. Egipto no quería Gaza entonces, y no la quiere ahora.

En 1967, la Guerra de los Seis Días lo cambió todo. Israel atacó preventivamente a Egipto; Jordania y Siria entraron en la guerra, y al terminar Israel había capturado Gaza, el Sinaí, Cisjordania, Jerusalén Este y los Altos del Golán. Tomamos Gaza no por territorio, sino para detener las incursiones y amenazas que venían desde 1948. En su versión en inglés, la Resolución 242 de la ONU pedía la retirada “de territorios”, no “de los territorios”, e Israel mantuvo Gaza por razones de seguridad. De 1967 a 1994, Israel gobernó Gaza militarmente y la economía de la franja creció: durante esos años, decenas de miles de gazatíes trabajaban en Israel.

Las fronteras se mantuvieron relativamente abiertas hasta principios de los años 90. El tratado de paz entre Israel y Egipto de 1979 devolvió el Sinaí, pero Egipto no reclamó Gaza, reforzando que nunca la ha querido. La Primera Intifada (1987-1993), que estalló en diciembre de 1987 tras un accidente de tránsito en Gaza en el que murieron cuatro palestinos, dio origen a Hamás, un grupo terrorista islamista, lo que obligó a Israel a reforzar la seguridad mientras la violencia crecía.

Los Acuerdos de Oslo (1993 y 1995) llevaron a Israel a entregar la mayor parte de Gaza a la Autoridad Palestina (AP) en 1994, con esperanzas de paz. Israel retiró tropas y dio control a la AP, pero mantuvo los asentamientos y el control de la seguridad en medio de continuos ataques terroristas. En la cumbre de Camp David, en 2000, Yasser Arafat rechazó una propuesta que incluía cerca del 91% de Cisjordania, toda Gaza y partes de Jerusalén Este. Meses después estalló la Segunda Intifada (2000-2005), que mató a más de 1,000 israelíes y a más de 3,000 palestinos.

En 2005, Israel se retiró unilateralmente, evacuando a unos 8,000 colonos judíos de Gush Katif y desmantelando sus comunidades, un movimiento doloroso para reducir costos de seguridad, no una concesión. Incluso reubicamos tumbas judías para evitar profanaciones, honrando nuestra fe mientras dejábamos Gaza a la AP.

Pero la paz no llegó. En 2006, aprovechando la frustración con la corrupción de la AP, Hamás ganó las elecciones legislativas palestinas con el 44% de los votos y 74 de los 132 escaños. En 2007 tomó Gaza en un golpe de estado, expulsando a Fatah tras enfrentamientos que dejaron más de 100 muertos, y convirtió la franja en una base terrorista. Dispararon decenas de miles de cohetes, construyeron cientos de kilómetros de túneles, en parte con materiales desviados de la ayuda, y escondieron armas en instalaciones civiles, incluidas escuelas de la ONU.

Israel y Egipto impusieron un bloqueo para detener los ataques de Hamás: más de 3,000 cohetes y morteros solo en 2008. Mientras Hamás invertía en túneles y cohetes, cerca del 80% de los gazatíes dependía de la ayuda internacional, según la ONU. Gaza, con más de 5,500 personas por kilómetro cuadrado, se convirtió en una plataforma de lanzamiento, no en un estado.

Buena parte de Occidente llama a Gaza “ocupada”, pero Israel se fue en 2005. Hamás ha gobernado de facto desde 2007, a través del terror y no de la legitimidad, como lo demostró el 7 de octubre. Legalmente, nadie tiene título soberano: el dominio otomano terminó formalmente en 1923, el Mandato Británico en 1948, Egipto nunca reclamó soberanía e Israel se retiró en 2005. El plan de la ONU de 1947 para un estado árabe nunca se materializó por el rechazo árabe, y Hamás, designado como organización terrorista por Estados Unidos, la Unión Europea y otros países, carece de reconocimiento como autoridad legítima.

Israel controla el espacio aéreo, las fronteras marítimas y la mayoría de los cruces terrestres de Gaza por seguridad, no por posesión, e impuso el bloqueo después de que Hamás tomó el control y multiplicó los ataques con cohetes. Los palestinos reclaman Gaza para un futuro estado, pero el rechazo de sus líderes (1947, 2000, 2008) y el terrorismo de Hamás lo impiden. Bajo el derecho internacional, el estatus de Gaza sigue sin resolverse, a la espera de un tratado de paz estancado por la violencia palestina.

Tras el 7 de octubre, entendí que Gaza bajo Hamás no es solo un lugar: es una amenaza para la existencia de Israel tras 3,000 años. Parte de Occidente apoya a Hamás, ignorando la historia, pero la lucha de Israel no es una opción: es supervivencia. Hamás convirtió Gaza en una plataforma de terror, demostrando que no quiere paz; quiere la desaparición de Israel.

Por eso el sionismo importa: la seguridad de Israel es innegociable. Sin ella, los judíos en todo el mundo, incluso en la diáspora, enfrentan la eliminación. La verdadera historia de Gaza expone el terror de Hamás, no una ocupación, y subraya la lucha inquebrantable de Israel por sobrevivir.